
Compartimos cuatro poemas de la poeta mexicana Alejandra Estrada Velázquez, nacidos en el contexto de nuestros laboratorios de escritura.
En la infancia más remota,
una moneda de Sor Juana alcanzaba perfectamente
para borrar la memoria
y comprar dulces en la tienda.
Me he quedado sin opciones:
cargo monedas de cinco centavos en la bolsa
y he gastado mis tres deseos intentando cambiar a dios.
La sabiduría de mis padres
fue la de los pueblos
la de los remedios caseros
la de los mitos
la de los dientes de leche debajo de la almohada
la casa de mis padres
fue de pasillos estrechos
de humedad en las paredes
de alacenas vacías
la alimentación de mis padres
consistía en darle carne al varón.
En la infancia más remota,
una moneda de Sor Juana alcanzaba perfectamente
para borrar la memoria
y comprar dulces en la tienda.
Mis padres jugaban conmigo:
“No oigo, no oigo, soy de palo y tengo orejas de…”
- macho
- pobre
- niño
- pescado
Mis padres jugaban conmigo.
Madre: conozco tu secreto: bajas el volumen al aparato auditivo para desaparecer de la realidad. Pero, súbele madre, que yo te quiero hablar bajito. Quiero existir para tus oídos. Quiero contarte cosas que no son de hija. Quiero contarte mi soledad.
Quiero partir las verduras sobre tu blanca barra en la cocina. Quiero que me pongas al tanto de la vida vecinal. Quiero que enciendas el tocadiscos y cantes letras transcritas en tu memoria. Quiero que la música nos lleve a las banquetas de tu infancia. Quiero que me tomes de la mano, quiero cruzar la calle contigo. Quiero que olvides la artritis. Quiero que vayamos juntas a la zapatería y comprate un par de tenis con luces.
Madre, voy a llamarte por teléfono para que me repitas la misma receta de cocina. Sí, quiero aprenderme las porciones: media taza de harina, media de aceite, dos huevos. Muévele. Así no: se quema. Así tampoco: se bate. Luego, voy a olvidar todo y voy a llamarte de nuevo. Quiero que no hablemos. Quiero que me escuches solo con verme. Quiero contarte cosas que no son de hija. Prende el aparato. Súbele. ¿Estás lista?
Desaparecerá mi nombre
y no seré más que boronas
o el polvo de las semillas regadas
por los picos grises de las aves modificadas
por el humo de la ciudad
escribirán mi epitafio con lápiz
y mi muerte
será
una escala de grises
desaparecerá mi nombre
pero no la línea que escribe la herida
y cuando me pronuncies
se quebrarán las sílabas
y tendrás en la memoria no un recuerdo
sino un cuerpo roto.
Ya tu corazón tiene monolitos, historias de piedra que estorban al curso vertiginoso de la hematohistoria. Ya tu corazón dijo basta. Tu corazón me habló el otro día en su idioma cóncavo y grave, en su idioma de gritos desfigurados que se diluían en tu sangre. Y yo no lo entendí todo. No entendí el idioma carotideo. No entendí los jeroglíficos danzantes en la oscuridad de tus venas. El ADN tiene historia. El ADN es el lazo rojo. El ADN es la pulsera que envuelve mi muñeca de recién nacido. Quisiera llegar al origen de tu rama, padre. Quisiera hablarle de frente al niño que fuiste, decirte, “Ven, vamos a jugar”. Quisiera decirte: Ven, llévame a conocer el campo. Ven: enséñame a alumbrar magueyes. Temo a la muerte, padre. No a mi muerte. Temo que tu corazón deje de gritarme algún día. Pero sé que pasará. Un día, la luz pasará por tu ventana, alumbrará tus pantuflas, trazará el camino de tu cama al comedor, pero tus pasos habrán desaparecido. El teléfono sonará sin parar y nadie dirá de manera graciosa; “bueno, al otro lado. Y yo, ya sufro, padre. Ya le imploro a la muerte que se tenga. No conozco el conjuro que le ate los pies a la muerte. Si el mundo pudiera detenerse lo suficiente, yo me sentaría a ver la televisión a tu lado, padre.
Alejandra Estrada Velázquez (CDMX, 1986). Poeta, docente y correctora de estilo. Es licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas por la UNAM. Estudió la Especialización en Literatura Mexicana del Siglo XX y la maestría en Literatura Mexicana Contemporánea en la Universidad Autónoma Metropolitana. Fue becaria del programa Interfaz (2014) y del programa PECDA-FOCAEM en su vigésima edición (2018). Publicó la plaquette Vacía de dioses en 2018 y el poemario Esta herida se llama palabra en marzo de 2020. En 2023, reeditó la plaquette Vacía de dioses con la editorial Toma todo, todos ponen. En 2024, publicó el libro Alucinaciones auditivas en la editorial Beyond dimensions. Ha publicado sus poemas en revistas como Casa del Tiempo, Voices of Mexico, Tercera vía, Círculo de poesía, Aleteo poético entre otras. Es organizadora del encuentro de poesía Esto no es un recital.
